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Oh, amor pendenciero. Oh, odio amoroso. Oh, suma de todo, primer engendro de la nada. Oh, pesada ligereza, grave frivolidad. Informe caos de seductoras formas. Pluma de plomo, humo resplandeciente, fuego helado, robustez enferma, sueño en perpetua vigilia, que no es lo que es...
Esas fueron las palabras de Romeo, escritas de la mano de William Shakespeare. Al leerlas se puede observar que son contradicciones. Ideas contradictorias que en un principio carecen de sentido. Para mí, reflejan un poco lo que es la vida, o mi vida: un remolino lleno de ideas que se contradicen unas a otras, y luchan dentro de mi mente por ver quién va a ganar. A veces pierden las buenas ideas, otras las malas, y en ocasiones no parece haber un ganador absoluto. Se mezclan, intercambian opiniones y se convierten en un sólido pensamiento. Después lo llevo a cabo. Así es como funciona mi mente.
Nunca he tenido tantas contradicciones ni he visto la vida tan llena de ellas como lo hago ahora. Puede decirse que soy adolescente, y que ése es el motivo fundamental de que piense esto. Pero, en realidad, si nos fijamos bien, la vida es un camino lleno de piedras, y en cada piedra se esconde una complicación, y una contradicción que le lleva la contraria. El éxito está en saber qué opción tomar para no tropezar con la piedra y caer al suelo. A base de caídas aprendes a caminar sorteando los obstáculos que pueda haber.
Éste es el motivo por el que he llamado a mi blog "Frozen fire", es decir, "Fuego helado". Es una de las contradicciones de Shakespeare, personalmente la que más me gusta. Por un lado tenemos al fuego, el ardiente fuego que todo lo quema y con el que a veces desearía arder. Por otro, está el hielo: ese frío hielo que te vacía de pensamientos y congela tu sangre y tu mente, y con el que a veces desearía perecer. Me gustan ambos, y su enfrentamiento es realmente poderoso. ¿Quién tiene más fuerza, el fuego, la pasión, las llamas, o el hielo, la delicadeza y el frío? Frío y calor, soledad y compañía.
Por mi parte, aún no he aprendido a esquivar esas piedras que siempre seguirán apareciendo. Nadie es experto en no caer, pero la experiencia te libra de muchas de ellas. Yo caigo constantemente, me equivoco constantemente, una y otra vez, y la experiencia de haber metido la pata no parece hacer mella en mí. Soy así, torpe y frágil. Me gustaría poder patear esas piedras y seguir andando a mi manera, pero son más fuertes que yo, por ahora.
Espero que, con el paso del tiempo y de la vida, me libre de ellas y, por una vez, sepa que voy bien encaminada. Aunque claro, siempre está el tentador reto de no saber por dónde vas.
-Rethiel-


Las contradicciones son parte de la vida y sin ellas no sabríamos diferenciar lo bueno de lo malo, el amor del odio, el éxito del fracaso. Sin embargo, fluctuar hacia los extremos es algo que siempre termina por enseñarnos... El oscilar del corazón nos enseña a reconocer de qué material estamos hechos. Como bien dices en otro texto, ¿de cuerpo, de alma? Sólo el corazón tiene las respuestas y es precisamente en su oscilar donde encontramos un sentido al camino recorrido. Pero esto ocurre solamente después de vivirlo, cuando miramos hacia atrás y observamos hacia qué lado del camino nos llevaron nuestras decisiones. Somos vibración y el oscilar del corazón nos va enseñando a tender, con el tiempo, hacia el centro de él y en quietud reconocer que la luz siempre ha estado con nosotros.
Cariños,
Lorena.